
Cuando todavía resuenan en nuestros oídos los ecos del último paro del campo (aunque en realidad los únicos que tuvieron que parar fueron los otros porque ellos cortaron las rutas pero siguieron levantando la cosecha y haciendo sus trabajos), y el gobierno (inflexible y dispuesto a seguir metiendo la mano en el bolsillo de los otros... menos en el de ellos mismos) y los mal llamados "gringos" siguen encontrándose cada mañana para estudiar de qué manera ninguno de los dos pierde tanto, muchos de los ciudadanos comunes seguimos preguntándonos cómo es posible que en nuestro país pase algo semejante.
No es que somos ilusos y creemos que "aquí esas cosas no pasan" sino que no podemos salir del asombro al ver a un grupo poderoso de la sociedad cortar la posibilidad de que nuestros hijos puedan tomar leche fresca y alimentarse con verduras (la carne, por los precios, está fuera de discusión), y que el gobierno no haga nada. Sólo amenazas, sólo discursos, pero en concreto nada.
De la misma manera que cuando los piqueteros hacían lo mismo. El gobierno nada, sólo palabras.
Porque no se trata de quién tiene la razón. Ambos contrincantes dicen verdades... y de las otras. Pero como el común de la gente no siempre puede probar la veracidad o falsedad de sus dichos nos quedamos en vilo.
Digo, no se trata de quien tiene la razón, sino del cumplimiento de la ley, y de hacer cumplir esa ley. Porque aunque los ganaderos y agricultores piqueteros son un sector importantísimo de la economía doméstica, si están cortando rutas e impidiendo que otros circulen con libertad están yendo en contra de la legalidad.
Y si es verdad que ante la ley todos somos iguales, tendría que haber castigo para ellos, como para los piqueteros de D'Elia y todos los que faltan a las normas democráticas y constitucionales.
Pero la realidad demuestra que es muy difícil que la ley sea igual para todos. Siempre hubo y habrá acomodos.
Solamente nos queda la esperanza y tranquilidad de que hay Uno que mira con atención, y para quien no hay diferencias de color, posición social o económica. Él no mira según las apariencias (ni el "poder" que tengan), sino que mira y juzga de acuerdo al corazón.
Él, que es protector de viudas y desprotegidos, débiles y desamparados, mira desde lejos a los soberbios y altivos pero se acerca con amor al humilde y recto de corazón.
