domingo, 5 de diciembre de 2010

Atrapados por los miedos

El miedo es un sentimiento sano en la medida que nos alerta de posibles peligros. No es malo tener miedo, en la manera de precaución, ante situaciones que pueden afectarnos. Hasta ahí todo bien. Pero cuando los miedos nos paralizan y nos impiden avanzar, cuando se convierten en fobias, pánico, entonces comienzan a detenernos, esclavizarnos e impedir que tengamos una vida plena.
Sus causas pueden ser variadas: experiencias traumáticas, culpa, falta de perdón, obsesiones...
La ansiedad es, dicen, temor al futuro. No sabemos qué nos puede pasar a la vuelta de la esquina y tememos lo porvenir.
Lo desconocido, lo que no podemos controlar, lo que desconocemos. Son muchas las cosas que nos provocan temores, y si no lo razonamos y ponemos en su justa dimensión podemos caer en la desesperación.
¿Qué hacer? ¿Para donde escapar? ¿A quién pedir ayuda?
Hay soluciones que pueden venir de la mano de los profesionales de la salud a quienes no debemos dudar en acudir. Deben dejar de ser tabú las consultas a psicólogos o psiquiatras. No es sólo cuestión de locos.
Pero en cualquier caso, muchos hemos comprobado que la solución a nuestros temores puede venir de la mano de Dios, el hacedor de la vida, quien tiene especial interés en que seamos plenos y vivamos en plenitud el propósito que él tiene para nuestras vidas.
No es todo negro, y por lo tanto no debemos conformarnos en vivir la vida a media máquina. Hay respuesta, hay solución. Y la podemos encontrar en aquel que dijo: "Vengan a mí todos los que están trabajados, cansados (angustiados, doloridos, temorosos, frustrados) que yo los haré descansar. Jesús"

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo estoy saliendo de depresión y me la tratan con medicamentos, (que tal vez los tenga que tomar para siempre) pero en el peor momento de crisis, no salió de mi el buscar ayuda, fue Dios que puso el querer mejorar y que vuelva a re establecer mi relación con El, sólo por su infinita misericordia. Pablo S.