Editorial del 16 de abril de 2011
La información daba cuenta de que una niña de 7 años tuvo que someterse a una cirugía estética porque sus compañeros la cargaban por la forma de sus orejas.
La madre había escuchado algunas de esas insinuaciones y, movida por el bienestar de su hija, decidió que se le realice la operación.
La noticia puede ser tomada simplemente como una nota de color, con aparente final feliz, y listo.
Pero si nos ponemos a pensar un poco, realmente no sé si con una cirugía estética podemos solucionar todos los problemas que nosotros o los nuestros podemos llegar a tener en las relaciones humanas y, en especial, referidas a nuestro aspecto.
Es entendible la preocupación de esta madre, porque creo que todos los que somos padres queremos lo mejor para nuestros hijos y sufrimos cuando sabemos de algún tipo de discriminación que hacen con ellos.
Pero la vida sigue, y el mundo avanza y las personas crecen, y si no buscamos hacer algo en relación a los conceptos que rigen las vidas de nuestras niños y niñas, las historias de no aceptación y rechazo se irán multiplicando aquí y allá. Y no siempre vamos a tener a mano una cirugía para solucionar el problema.
Lo que nuestros hijos dicen o piensan, o cómo actúan con sus pares tiene que ver, en buena medida, en cómo actuamos nosotros, en cómo nos ven tratar a los demás. Somos sus modelos a seguir, nos miran y aunque muchas veces no quieren ser como nosotros, a la larga repiten los patrones.
Por eso sería bueno que vivamos pensando y creyendo que cada ser humano es único e irrepetible, que así como es tan importante cuidar y defender su vida desde la concepción también es muy importante respetarlo en todas las etapas de su crecimiento, con sus características, con sus tiempos, con sus capacidades diferentes a las nuestras, pero valiosas. Porque así fue creado, así fue ideado y debemos aceptarlo.
¿Es tan importante que tenga una oreja grande, o que su nariz sea prominente, o que sea demasiado delgado o gordo o que tenga las piernas torcidas? ¿nos molesta tanto que tartamudee al hablar o que tenga una voz aguda? ¿Qué cambia que sea más morocho o más colorado?
Ninguno de nosotros es un accidente nacido de una explosión genética. Somos seres humanos distintos con un propósito bien claro para estar en este mundo. Somos criaturas diseñadas con amor y esmero, y debemos aprender a vivir para explotar al máximo nuestras particularidades.
Si vivimos de esta manera, y así les enseñamos a nuestros hijos a valorar la vida, también les vamos a estar enseñando a valorar y tratar al otro con respeto y aceptación. Y seguramente vamos a contribuir a hacer de nuestras sociedades lugares más agradables en donde vivir.