Editorial del 9 de abril de 2011
Esta semana, más precisamente el 7 de abril, un hombre de 23 años ingresó a la que había sido su escuela y asesinó a mansalva a 12 preadolescentes. Esto ocurrió en Río de janeiro, Brasil.
Envuelto en la locura, Wellington Menezes de Oliveira, entró a las aulas que quizás él había transitado siendo niño y, disparando a los pies, al torax y a la cabeza, asesinó sin piedad a alumnos de la institución.
¿Qué mecanismo puede ponerse en funcionamiento dentro de la mente de una persona para generar tremenda locura? Drogas, paranoia, desesperación, locura. Síntomas, quizás, de una sociedad que avanza en muchos aspectos pero que carece de un sentido de propósito.
La presidenta de Brasil Dilma Rousseff dijo: "No era y no es característico de este país vivir este tipo de crimen”. Sin embargo las hojas de los diarios están pobladas de muchos casos similares que se extienden a lo largo del mundo y ningún país, inclusive el nuestro, está exento de que un hecho similar pueda ocurrir.
En muchos casos hay un tejido social que favorece este tipo de actos en las manos de individuos que han sido expulsados de la sociedad y viven en la miseria y la necesidad más extrema. Víctimas de un sistema que sólo aplaude el éxito económico y profesional y mira de soslayo a los que no llegan, a los que no acceden a ese nivel, muchos son presas de la desesperación y la locura por conseguir algo, lo más indispensable, a veces un pedazo de pan para sus hijos.
Pero en este caso no había búsqueda de nada de eso. Solamente locura e irracionalidad, teñida de fanatismo religioso y, quizás, alguna dosis de drogadicción.
Pero detrás de un motivo u otro, lamentablemente, hay víctimas de este tiempo, de esta etapa de la humanidad que cada vez más busca sus placeres y satisfacciones lejos de las verdades que realmente traen esperanza y vida.
¿Es tan difícil creer que las palabras de vida y fe que hemos escuchado desde los comienzos de los tiempos siguen vigentes y tienen poder para darnos vida en medio de la desesperación reinante?
Cuanto más escucho las locuras de este tiempo, la falta de propósito y esperanza en el mundo actual, más sigo creyendo que sólo en Dios hay esperanza para el hombre de hoy.
No hablo de fanatismo ni de sectarismo, sino de buscar en el creador de la humanidad el motivo para el cual fuimos creados. Algo tan básico como leer el manual del fabricante para saber cómo tienen y pueden ser las cosas.
Locuras como la ocurrida en Río de Janeiro ya no pueden remediarse pero podemos trabajar para lograr que no vuelvan a suceder. Los gobiernos, generando las condiciones para que cada vez haya menos pobreza y necesidad, y cada hombre y mujer mirando en su interior y escuchando la voz que lo está llamando para descansar y encontrar el verdadero propósito. Jesús dijo: “Vengan a mí todos los que se encuentran agobiados, cansados, que yo les daré descanso”.
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