viernes, 22 de abril de 2011

Guerra de unos pocos, muerte de muchos

Editorial del 2 de abril de 2011

El 2 de abril de 1982 el gobierno de facto argentino buscó un milagro. Querían seguir en el poder, buscaban la aceptación de una nación que ya no soportaba más la desaparición de personas y la destrucción de un país que, un tiempo atrás, había sido próspero. Pero la soberbia que había en sus mentes no les permitió ver que ya estaba terminado, que no daba para más su permanencia en el poder y, entonces, encontraron una buena excusa, una excusa querida, añorada y esperada por todos los argentinos desde hacía décadas.
Y entonces se lanzaron a una guerra por recuperar su autoridad al frente de un gobierno ilegítimo, por recuperar su dignidad de soldados de la patria. Y en esa guerra, que tuvo como excusa la recuperación de las Islas Malvinas, mandaron a la muerte a miles de jóvenes argentinos que, algunos por obligación y otros por convicción, aceptaron el desafío de recuperar lo que nos habían robado.
Claro que del otro lado de la balanza estaba Inglaterra y los Estados Unidos, y de acá estábamos nosotros solos, bien solos, porque aún los países hermanos de Latinoamérica nos habían dejado huérfanos de ayuda.
El final lo sabemos, y muchos aún lo sufren en su cuerpo y en su alma.
Hoy, las cruces de los caídos en Malvinas están en fila, una al lado de la otra, en un terreno escarpado, casi inhóspito, que no conocemos pero que aún amamos. Sin embargo me pregunto si valió la pena tanta pérdida, tanta sangre, tanto dolor.
¿Vale la pena la recuperación de lo perdido a costa de sangre, de muerte, de destrucción? ¿Valió la pena matar para conseguir algo? ¿morir para ganar?
No está en discusión el valor o la osadía de nuestros soldados, muchos de ellos sin preparación y sin las armas y pertrechos necesarios. Recordamos a los caídos, y agradecemos su entrega a pesar de que las causas de esta guerra hayan estado teñidas de cuestiones políticas incorrectas. El gobierno de facto no pensaba en las Malvinas, pensaba en sí mismo.
Mirando nuestra historia y observando lo que está sucediendo en el mundo: Irak, Libia, Siria, Corea del Norte, Afganistán, me vuelvo a preguntar si el uso de las armas y de la fuerza sirve para algo. Porque detrás de todo conflicto armado hay siempre razones políticas y económicas que poco tienen que ver con el hombre común, con sus necesidades y esperanzas.
Lamentablemente, en muchos de estos casos, incluido el nuestro, la razón está ausente, el sentido común dejó el lugar a la sed de poder y gloria, sin importar a cuántas halla que pisotear, cuántos tengan que morir.
Quiera Dios que la humanidad, nosotros, desde nuestro pequeño lugar en el mundo aprendamos a construir en amor, buscando el bien común y persiguiendo los ideales y los principios que hablan de fe, tolerancia y respeto.
Nuestro reconocimiento y recuerdo a todos los que dejaron sus vidas en las Islas Malvinas y a aquellos que volvieron e intentan seguir con sus vidas aquí, entre nosotros, luchando muchas veces con la indiferencia de un sistema que sólo los recuerda un 2 de abril.

No hay comentarios.: