domingo, 19 de diciembre de 2010

¡No doy más!


Se acercan las fiestas de fin de año y todo el cansancio que vinimos acumulando se nos viene encima. Parece que no llegamos, que estamos con las últimas fuerzas, y no vemos la hora de que lleguen nuestras esperadas vacaciones.
Pero las vacaciones llegan… y se van. Y otra vez tenemos que volver a empezar y, en la mayoría de los casos, con el mismo cansancio y angustia que traemos en la mochila desde el año anterior.
El estres, producido en muchos casos  por la excesiva exigencia, por los objetivos demasiados altos e inalcansables o por la dura situación económica o familiar que nos llevan al extremo.
Las causas pueden ser de variada índole y presentarse en distintos envases.
Pueden ser sociales, dentro de las que podemos detallar el trabajo, la familia y las relaciones en general. Biológicas, si nos referimos a enfermedades o procesos en nuestro organismo que van carcomiendo nuestra salud. También están aquellas causas químicas como las adicciones al tabaco, el alcohol y las drogas. Y podemos señalar, además, el factor climático, externo a nosotros, que no podemos modificar ni influir, pero que también nos afecta.
¿Cómo hacemos, entonces, para quitarnos la carga, esa sensación de que ya no damos más?
Debemos aprender a conocer nuestras limitaciones, nuestras posibilidades y no ponernos objetivos más altos de los que podamos alcanzar. Y cuando enfrentamos desafíos saber que podemos lograrlos o no, pero el deleite debe estar en la posibilidad que tenemos de proyectarnos y no solamente en el hecho de tener éxito.
Es necesario tener relaciones sanas, maduras, aceptar al otro con sus particularidades y diferencias, de la misma manera que esperamos que el otro nos acepte tal y cual somos. Ser maduros para pedir perdón, y para otorgarlo. Los rencores y la falta de perdón nos mantienen atados a un sentimiento que nos perjudica directamente. No está mal recordar las palabras sabias de un hombre sabio: “El que esté libre de pecado (de culpa, de responsabilidad) que tire la primera piedra”.
Y también es saludable tener claro nuestro propósito en esta vida. Mientras la sociedad nos exige y nos empuja a luchar por progresar, por tener más, por ser los mejores, Dios nos invita a ser parte de su propósito, a ser llenos de su vida, a dejar en él todas nuestras angustias, dolores, problemas y circunstancias y aprender a descansar en él.
No hay mejor remedio para el estrés que éste.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Atrapados por los miedos

El miedo es un sentimiento sano en la medida que nos alerta de posibles peligros. No es malo tener miedo, en la manera de precaución, ante situaciones que pueden afectarnos. Hasta ahí todo bien. Pero cuando los miedos nos paralizan y nos impiden avanzar, cuando se convierten en fobias, pánico, entonces comienzan a detenernos, esclavizarnos e impedir que tengamos una vida plena.
Sus causas pueden ser variadas: experiencias traumáticas, culpa, falta de perdón, obsesiones...
La ansiedad es, dicen, temor al futuro. No sabemos qué nos puede pasar a la vuelta de la esquina y tememos lo porvenir.
Lo desconocido, lo que no podemos controlar, lo que desconocemos. Son muchas las cosas que nos provocan temores, y si no lo razonamos y ponemos en su justa dimensión podemos caer en la desesperación.
¿Qué hacer? ¿Para donde escapar? ¿A quién pedir ayuda?
Hay soluciones que pueden venir de la mano de los profesionales de la salud a quienes no debemos dudar en acudir. Deben dejar de ser tabú las consultas a psicólogos o psiquiatras. No es sólo cuestión de locos.
Pero en cualquier caso, muchos hemos comprobado que la solución a nuestros temores puede venir de la mano de Dios, el hacedor de la vida, quien tiene especial interés en que seamos plenos y vivamos en plenitud el propósito que él tiene para nuestras vidas.
No es todo negro, y por lo tanto no debemos conformarnos en vivir la vida a media máquina. Hay respuesta, hay solución. Y la podemos encontrar en aquel que dijo: "Vengan a mí todos los que están trabajados, cansados (angustiados, doloridos, temorosos, frustrados) que yo los haré descansar. Jesús"

jueves, 2 de diciembre de 2010

Exito vs. exitismo


Hace unos años leí un libro que se titula "El éxito del fracaso". ¡Qué contradictorio!, ¿no?
Porque nosotros pensamos que la cuestión es negro o blanco, izquierda o derecha, peronismo o radicales, river o boca éxito o fracaso.
 Sin embargo, este libro que leí habla de un hombre que estaba en la cima de la vida, con riquezas, poder, una gran familia, reconocimiento social. En fin, lo que hoy podríamos denominar "una persona exitosa". Con esa historia seguramente estaría en todos los medios de comunicación, y todo el periodismo buscaría por cielo y tierra la manera de hacerle una nota, tomarle una foto o filmar parte de su vida.
 Pero ese hombre no era un Ricardo Fort de su tiempo, que hacía alarde de lo que tenía y se pavoneaba ostentosamente delante de los otros. Por el contrario, era un hombre que estaba muy conciente de su realidad que era un mortal que en cualquier momento dejaría esta tierra y, por lo tanto, tenía un profundo respeto y reconocimiento hacia Dios. Porque sabía que lo que tenía provenía de este ser superior.
 Un buen día este hombre perdió todo: sus riquezas, su familia y su reputación delante de los hombres. Quedó en la absoluta ruina; aún su esposa, la única sobreviviente de su familia, lo maldecía y rogaba que muera. Sus amigos, en vez de acompañarlo y ser su sostén en el tiempo de dolor y necesidad, se acercaron para recriminarle y culparlo de todo lo que le había pasado.
 Pero este hombre, en medio de las críticas destructivas, de la falta de amor y de comprensión, y sintiendo el más profundo dolor por las perdidas sufridas, en ningún momento buscó culpar a nadie, ni a sus amigos, ni al gobierno, ni a su esposa, ni a Dios. Reconoció que desnudo había llegado a este mundo y que desnudo partiría de aquí. Que ninguna riqueza material era importante ni tenía suficiente valor, y que él no era quién para buscar culpables o acusar a alguien.
 Este hombre exitoso, según los parámetros de la sociedad, cayó en el más profundo fracaso… para después de aprender una de las lecciones más importante de la vida, volver a resurgir. Y Dios le devolvió aún más de lo que había tenido en un principio.
 Su fracaso se transformó en éxito y pudo reconocer que lo que antes vivía o conocía no era lo real, sino que ahora, después de valorar el fracaso podía conocer en verdad.
 No estamos en la vida para ser exitosos. Nuestra meta es mayor: conocer y vivir como aquel que puede darnos mucho más abundantemente de lo que pensamos o imaginamos.

Esperanza para los desesperanzados


Según el diccionario, la esperanza es el estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.
Quien tiene esperanza mira para adelante, buscando lo que viene, esperando lo que falta, sabiendo que todos los días sale el sol.
El premio Nobel de la Paz, Martin Luther King dijo: Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano.
Para él, la esperanza no era solamente un derecho personal sino también un bien común, algo que merecen todas las personas y que, en el medida de nuestras posibilidades, cada uno de nosotros debería ayudar a los demás a tener este tesoro.
Un tesoro que no siempre alcanzamos en términos prácticos, como aquel que vive esperanzado en obtener su casa propia, o llegar a ser padre, o madre, o a realizar un viaje. Pero, a pesar de no alcanzarlo, el hecho de tener esa esperanza le da un propósito más profundo a su vida. El filósofo y político inglés Thomas Hobbes lo expreso así: "La esperanza hace que el náufrago agite sus brazos en medio de las aguas, aún cuando no vea tierra por ningún lado."
¿Por qué algunos tienen tanta esperanza mientras que a otros se les terminó? ¿Cuál será el secreto para vivir con una esperanza contínua a pesar de los muchos problemas que aparezcan? ¿Hay esperanza para los deseperanzados?

¿Entonces...?
Como cañadenses, como argentinos, debemos sostener que hay esperanza de un cambio, y no me refiero a ninguna de las opciones políticas, pues de alguna manera todas nos van a dar la espalda. Hablamos de algo superador que comienza en nuestro corazón.
Un cambio que no se generará por conocimiento, ni aptitudes, ni habilidades humanas, solamente. Un cambio que necesita la acción de un poder superior que sea el motor y motivo de este cambio.

Luther King lo expresaba de esta manera: "Creo igualmente que un día toda la humanidad reconocerá en Dios la fuente de su amor. Creo que la bondad salvadora y pacífica llegará a ser, un día, la ley. El lobo y el cordero podrán descanzar juntos, cada hombre podrá sentarse debajo de su higuera, en su viña, y nadie tendrá ya que tener miedo."

martes, 15 de junio de 2010

La cabaña: un lugar donde encontrarnos con Dios

En estos días terminé de leer el libro "La cabaña", una novela escrita por Wm. Paul Young y publicada por editorial Emecé.
El tema del libro gira alrededor de una dolorosa y trágica pérdida que sufre una familia y cómo Dios se encarga de enseñarles sobre su amor, su propósito, y el deseo de tener una relación profunda con sus hijos. Claro que todo muy bien escrito y adornado con todos los condimentos necesarios de, casi, una novela policial.
Para algunos no nos fue fácil aceptar ciertas personificaciones que el autor hace de Dios, pero puntos más, puntos menos, creo que es recomendable para, de alguna manera, conocer algo más sobre Dios.
También por supuesto, y este es uno de los motivos principales por los que se escribió el libro, es recomendable para regalar o prestar a personas que quieren conocer a Dios personalmente pero están estancadas con algunas cosas sobre los propósitos y la manera en la que actúa Dios.

En un capítulo donde el personaje central está conversando con Dios (sí, porque en el libro hay un encuentro cara a cara -literalmente- con Dios Padre, Jesús y el espíritu Santo), y hablan sobre si Dios necesita el sufrimiento como medio para mostrar su gracia, éste le contesta al confundido hombre: "La gracia no depende de que exista sufrimiento, pero donde hay sufrimiento hallarás gracia en muchas facetas y colores".

¿No están de acuerdo con esta definición? ¿Quién podría negar que cuando estamos pasando por situaciones difíciles, dolorosas o traumáticas, la gracia, el regalo de Dios por excelencia, se manifiesta y nos inunda y nos capacita para seguir a pesar del momento?
Dios se fortalece en nuestras debilidades, por eso cuando somos débiles es cuando más fuertes somos, porque Dios se hace fuerte en ese momento.
Una canción de Danilo Montero lo expresa de esta manera (la pueden escuchar en el reproductor "Música para el alma" que está al tope de la columna derecha):
 Hubo días que corrí de ti,
Difícil me fue no supe qué decir.
Perdóname cuando débil soy,
Cambiaste el cielo por una cruz de amor.
Me has sostenido en mi vivir,
Fuiste mis ojos cuando ciego fui.
Tu gloria brilla en mi aflicción,
Aceite de gozo en mi dolor.

Es gracia Dios, yo nada soy sin ti.
Tu gracia hoy brilla en mi.

Es gracia, nada más y nada menos.