miércoles, 25 de mayo de 2011

Elecciones: momento de pensar y decidir

Editorial del 21 de mayo de 2011

Otra vez el silencio. No hay más propagandas, en los sitios web desaparecieron los banner que nos “llamaban” a votar por este o por aquel. Se terminó la pegatina en las paredes, ya nadie está ofreciendo y explicando sus propuestas. Se hizo “silencio de radio”.
Y ahora es el momento de nosotros, los ciudadanos, quienes tenemos la potestad de elegir y dar la posibilidad, en esta oportunidad, para que otro ciudadano sea elegido como candidato a ocupar un cargo en nuestra ciudad o en la provincia.
Hemos escuchado sus propuestas, aunque en realidad algunos se dedicaron el tiempo de campaña a hablar mal de sus adversarios en vez de explicarnos lo que piensan hacer si llegan a ser elegidos. Pero ya estamos acostumbrados a eso.
Cómo elegir, qué criterios usar en nuestra decisión. Lo haremos mirando el color de su ideología, si habla bien o mal, si es joven o no tanto, si me cae bien, o por revancha contra otro.
En realidad tendríamos que poner en la balanza sus propuestas, lo que hicieron si ya fueron gobierno o si ejercieron algún cargo legislativo, pero en suma tendríamos que pensar en las personas que puedan ejercer con responsabilidad e idoneidad el cargo para el que los estamos eligiendo.
No es momento de mezquindades ni de revanchas; tampoco lo es para que miremos al costado y no ejerzamos nuestra responsabilidad votando en blanco. Es cierto que muchas veces estamos confundido y ninguno de los candidatos nos terminan de convencer. Entonces, si es así, tendremos que hacer un esfuerzo y analizar, meditar y decidir: el voto es nuestro derecho, es su derecho, y no debe dejarlo en las manos de otro.
Y a aquellos que puedan ser elegidos les pedimos, y por qué no, les exigimos, porque los vamos a votar, que cumplan con su rol de manera madura, responsable, honesta y humilde. Ehhh!, ¿no pediremos mucho?
No. Es nuestro derecho hacerlo pues les estamos dando un voto de confianza, estamos depositando parte de nuestra esperanza de que nuestra ciudad y nuestra provincia sean un poco mejor, bastante más seguras, lugares donde sea digno y grato vivir.
Que sean un poco más maduros que aquellos seguidores de distintos candidatos que se dedicaron a romper los carteles de sus oponentes, o que continuamente tapaban los afiches contrarios, como si esta acción pudiera cambiar la intención de voto de alguien. Sí, estamos de acuerdo que es una tontería que seguramente realicen algunos que todavía no entendieron cómo es esto de la política como servicio y no como autoritarismo.
Y por último, a todos, a quienes creen y a quienes no, que tengan presentes que su paso por esa función es temporal, algún día se termina, y no sólo tendrán la mirada atenta de toda la ciudadanía sino que el cargo que ocuparán estará bajo la autoridad superior de Dios quien es protector de huérfanos y desamparados.
No pedimos milagros sino que sean dignos de la función a desempeñar. Si así no lo hicieran, “que Dios y la Patria se lo demanden”.

domingo, 15 de mayo de 2011

Cáncer: las cosas por su nombre

Editorial del 14 de mayo de 2011

En 1993 se estrenó la película argentina “De eso no se habla” basada en el cuento homónimo que relataba la historia de una vergüenza. Una madre que tenía una hija enana a la cuál trataba como si no lo fuera y, por supuesto, evadía cualquier alusión a esta realidad hasta que llegó un extranjero al pueblo que se enamoró de su hija.
Una de las grandes barreras que esta mujer no había podido derribar en su vida era la realidad de su hija y la posibilidad de poder hablar, decir, nombrar, llamar las cosas por su nombre, asumir esta verdad y, entonces, por años, se sumergió en el silencio ahogando también cualquier posibilidad de que alguien dijera esa palabra.
Es así como nuestra sociedad trata una de las enfermedades más difíciles de asumir y sobrellevar: el cáncer. Le ponemos otros nombres, definiciones, nos referimos a ella como “una larga enfermedad”, “un padecimiento doloroso”, o términos casi grotescos como “la papa”. Nos negamos a nombrarla, cuánto más, entonces, nos cuesta asumir la necesidad de su tratamiento.
Sólo recientemente algunas personas conocidas a través de los medios de comunicación se atrevieron a contar su experiencia y a llamar las cosas por su nombre. Son pequeños atisbos de luz en medio de la oscuridad que rodeó por años al cáncer. Porque reconocer lo que nos pasa sin duda nos ayuda a dar batalla, a interiorizarnos como enfermos, como familiares o como sociedad, para enfrentar o acompañar a aquellos que deben levantarse cada día con la esperanza de dar un nuevo paso en el proceso que pueda llevarlos a su curación.
Es bueno respetar los silencios de los otros. Cada uno tiene sus tiempos y hacemos bien en aprender a estar, ayudar y acompañar de acuerdo a cada personalidad. Sin embargo también es necesario que como sociedad asumamos actitudes maduras, desprovistas de cualquier tipo de sensacionalismo, que contribuyan a avanzar en un proceso que no tiene siempre un final feliz pero que puede ser llevada adelante con la dignidad de estar luchando por la vida.
Hoy vamos a tener la visita de Amelia Arregin quien desde 1982 cuando le realizaron su primera operación ha sufrido cuatro veces la aparición del cáncer en su cuerpo. Tratamientos, medicación, operaciones que cambiaron la estética de su cuerpo, pero en ningún momento pudieron trastocar la esencia de su alma porque en toda situación supo y pudo agradecer por la bendición de seguir viviendo y poder tener las fuerzas necesarias para presentar batalla a un enemigo que, todavía, sigue al acecho.
Por eso, hoy  Amelia Arregín puede decir, con autoridad, “De eso, del cáncer, sí se habla”.

Tiempo para conocer sin prejuicios

Editorial del 7 de mayo de 2011

“No todo lo que reluce es oro”. “Depende el ojo con el que se mira”. Según la sabiduría popular todo pasa por lo que vemos, nuestros juicios, nuestras posturas, nuestras decisiones están atadas a lo que observamos, a lo que vemos. Nuestros ojos rigen nuestras maneras de ver el mundo.

Pero, como no todo lo que reluce es oro, no siempre vemos las cosas como realmente son. Muchas veces son nuestros prejuicios los que nos condicionan y hacen que erremos el juicio.

Esto pasa en la consideración de una persona, en cómo evaluamos sus actitudes y más, cómo suponemos que piensan. Porque nos creemos tan inteligentes que nos adentramos en los pensamientos e intenciones de los demás, condenando o alabando.

Y así nos movemos en la vida, poniendo nuestro prejuicio delante de nuestros ojos, dejando que éste ordene nuestras acciones y decisiones.

Entonces a nuestro paso quedan en el camino situaciones y personas que, por ser evaluadas negativamente, no merecen ni nuestra más mínima mirada.
Atropellamos con nuestra soberbia el mundo, y sus habitantes, sin esperar a conocer, a preguntar, a interiorizarnos por la vida y las circunstancias que rodean al otro. Y nos olvidamos que como “otro”, tiene distintos pensamientos, distinta formación y educación, distintos hábitos, diferentes problemas y dificultades.

Tiempo, tiempo para escuchar, para conocer, para aprender. Tiempo para que el “otro” pueda explicar su proceder o su manera de pensar. Tiempo. Tiempo para no apurarnos y caer en el juicio apresurado que nos separa, que nos condiciona, que destruye.

Aún en medio de las diferencias, donde es válido que cada uno tenga distintas maneras de pensar, allí, también es bueno darnos tiempo para escuchar y ser escuchados.

No todo lo que vemos, o cómo lo vemos, es realmente así. Escuchar, conocer, esperar y aprender nos ayudará a relacionarnos de una manera madura y sana, haciéndonos bien y haciendo el bien.

Fantasía versus Realidad

Editorial del 30 de Abril de 2011

Aunque para muchos haya pasado desapercibido, ayer se realizó el denominado casamiento del siglo entre el príncipe Guillermo de Inglaterra y la plebeya Kate o, como ahora se la debe llamar: Catherine.
Los medios de comunicación, en especial los televisivos, dieron cobertura al evento que dicen, fue una de las bodas más caras de la historia.
Alfombra roja, vestidos impactantes, joyas, realeza, mucha pompa y toda la atención de un país que no se encuentra en sus mejores momentos económicos. Pero para los ingleses todavía el amor a su monarquía está por encima de los problemas menores, diarios, cotidianos.
Para muchos, en especial para la platea femenina, es un cuento de Hadas hechos realidad: la plebeya que no tiene sangre real sellando el amor con su príncipe azul (aunque en este caso guillermo vistió con uniforme militar color rojo).
Sin embargo, uno se pregunta de qué sirve admirar o estar expectantes de hechos de estas características cuando no nos afecta ni nos favorece en nada. La vida de cada día, con sus alegrías y tristezas, con sus progresos y dificultades sigue aquí y ahora. Nuestra vida, la vida real, puede ser aún más desafiante y digna de ser vivida.
Porque lo importante de nuestra vida no es lo que somos, los títulos que podamos obtener, los honores que puedan darnos, sino qué hacemos con nuestro presente y, por ende, con nuestro futuro.
Estamos inmersos en una sociedad que padece situaciones crueles que debemos desterrar: drogadicción, excesos, violencia, desamor, falta de respeto, incomprensión, exitismo. Muchos corren por alcanzar una meta imposible, y en esa carrera, dejan detrás a todos sin importar cuántos resultan heridos.
Padres que por avanzar en sus carreras se olvidan de sus hijos, o los dejan al cuidado de otros, y que después despiertan a la realidad de la droga, excesos sexuales o delincuencia.
Hijos a quienes les molesta la ancianidad de sus padres y que los depositan en instituciones para que otros se ocupen de ellos. Y que después, cuando ya no están, lloran a sus progenitores por no poder estrechar su mano o tomar un mate juntos.
Una sociedad que se horroriza por las muertes ocasionadas por la bulimia y la anorexia pero que sigue publicitando la belleza y el físico perfecto como la única manera de ser exitosos y conseguir cosas en la vida.
Hombres y mujeres que miramos en las pantallas a los niños de la calle, pidiendo, mendigando y dejando su niñez en medio de la locura que significa “estar en la calle”, pero que miramos para un costado cuando se trata de ayudar a instituciones o personas que buscan ayudar a los que más lo necesitan.
Las bodas de la realeza son, paradójicamente poco reales. Pertenecen a un mundo de fantasía, barata, pero fantasía al fin.
Nuestra sociedad, nuestro prójimo están presentes todos los días de nuestra vida, a la mano, para que podamos extender nuestra ayuda, para que podamos ser parte del cambio que necesitamos, para que sin importar la condición social de la cual provengan, muchos de nuestros hijos puedan tener, como en los cuentos de Hadas, un final feliz.

A propósito de Semana Santa

Editorial del 23 de Abril de 2011

A un mes de haber comenzado las manifestaciones que buscan terminar con un poder hegemónico de más de 40 años, las tropas de seguridad de Libia asesinaron a más de 80 personas en lo que se considera la mayor de las masacres desde que comenzaron las protestas.
El pueblo libio quiere terminar con la opresión y la falta de democracia, de libertades, de dignidad para vivir.
En Egipto, el derrocamiento de Mubarak, después de décadas en el poder, dejó un saldo de 800 muertos.
En Siria, el régimen levantó el estado de emergencia que imponía restricciones a las libertades individuales desde hacía 50 años, después de la muerte de cerca de 100 personas en protestas en contra del gobierno.

En nuestro país, una familia de la ciudad de Merlo vivió momentos de terror cuando fueron asaltados en su casa, donde los maniataron y les gatillaron en la cabeza.
En Mar del Plata, un joven de 17 años mató a un panadero de 65 años a golpes, para robarle y comprar droga.
En la ciudad de La Plata, en tan sólo 5 minutos, un ladrón robó dos veces la misma estación de servicio.

Y en medio de este tenso clima internacional y nacional, donde la vida de las personas parece un bien poco preciado, donde es fácil matar para conservar el poder, para robar o para conseguir dinero para los vicios, los cristianos recordamos la muerte y resurrección de Jesús en lo que se denomina Semana Santa.

Claro que de Santa, en muchos casos, esta semana tiene poco. Porque muchos siguen con sus vidas y costumbres que poco tienen que ver con el significado y la realidad de la muerte y el sufrimiento del hijo de Dios que se dio para que muchos puedan tener esperanzas de una vida mejor.

Muchos se preguntan cómo entender o conmemorar una fecha espiritual cuando la sociedad está en una de sus peores etapas. Pero lo que no quieren escuchar o aceptar es que hemos llegado a este estado porque el secularismo va ganando terreno en contra de la espiritualidad y de una mirada trascendente de la vida.
Como hombres le hemos dicho a Dios que se aparte de nuestras vidas, que se ocupe de sus cosas mientras nosotros seguimos ocupándonos de las nuestras; hemos decidido que somos capaces de ser amos y señores de nuestro destino, y el de los otros. Sin embargo en muchos casos los resultados no son para nada prometedores.

Algo santo es aquello que es apartado para un destino específico. Pero no alcanza con una semana al año. Debemos apartar nuestra vida de aquellas cosas que nos separan de Dios y sus propósitos, y vivir de acuerdo a sus consejos y enseñanzas. Porque el sacrificio de Jesús en la cruz, no es sólo un hecho histórico o anegdótico, es la verdad que debemos aceptar para comenzar a transitar un cambio necesario en nuestra manera de pensar y vivir para, de esta manera, comenzar a cambiar la manera en la que vive y se mueve la sociedad, y así cambiar el producto de nuestro sistema: cambiar la muerte por la vida, la frustración por la esperanza, el vacío por una vida con propósito.

Hay esperanza, hay posibilidades de cambios, podemos mirar la vida con optimismo. Sólo necesitamos apartar nuestra vida para aquel que nos dio su vida.