domingo, 15 de mayo de 2011

Cáncer: las cosas por su nombre

Editorial del 14 de mayo de 2011

En 1993 se estrenó la película argentina “De eso no se habla” basada en el cuento homónimo que relataba la historia de una vergüenza. Una madre que tenía una hija enana a la cuál trataba como si no lo fuera y, por supuesto, evadía cualquier alusión a esta realidad hasta que llegó un extranjero al pueblo que se enamoró de su hija.
Una de las grandes barreras que esta mujer no había podido derribar en su vida era la realidad de su hija y la posibilidad de poder hablar, decir, nombrar, llamar las cosas por su nombre, asumir esta verdad y, entonces, por años, se sumergió en el silencio ahogando también cualquier posibilidad de que alguien dijera esa palabra.
Es así como nuestra sociedad trata una de las enfermedades más difíciles de asumir y sobrellevar: el cáncer. Le ponemos otros nombres, definiciones, nos referimos a ella como “una larga enfermedad”, “un padecimiento doloroso”, o términos casi grotescos como “la papa”. Nos negamos a nombrarla, cuánto más, entonces, nos cuesta asumir la necesidad de su tratamiento.
Sólo recientemente algunas personas conocidas a través de los medios de comunicación se atrevieron a contar su experiencia y a llamar las cosas por su nombre. Son pequeños atisbos de luz en medio de la oscuridad que rodeó por años al cáncer. Porque reconocer lo que nos pasa sin duda nos ayuda a dar batalla, a interiorizarnos como enfermos, como familiares o como sociedad, para enfrentar o acompañar a aquellos que deben levantarse cada día con la esperanza de dar un nuevo paso en el proceso que pueda llevarlos a su curación.
Es bueno respetar los silencios de los otros. Cada uno tiene sus tiempos y hacemos bien en aprender a estar, ayudar y acompañar de acuerdo a cada personalidad. Sin embargo también es necesario que como sociedad asumamos actitudes maduras, desprovistas de cualquier tipo de sensacionalismo, que contribuyan a avanzar en un proceso que no tiene siempre un final feliz pero que puede ser llevada adelante con la dignidad de estar luchando por la vida.
Hoy vamos a tener la visita de Amelia Arregin quien desde 1982 cuando le realizaron su primera operación ha sufrido cuatro veces la aparición del cáncer en su cuerpo. Tratamientos, medicación, operaciones que cambiaron la estética de su cuerpo, pero en ningún momento pudieron trastocar la esencia de su alma porque en toda situación supo y pudo agradecer por la bendición de seguir viviendo y poder tener las fuerzas necesarias para presentar batalla a un enemigo que, todavía, sigue al acecho.
Por eso, hoy  Amelia Arregín puede decir, con autoridad, “De eso, del cáncer, sí se habla”.

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