domingo, 15 de mayo de 2011

Tiempo para conocer sin prejuicios

Editorial del 7 de mayo de 2011

“No todo lo que reluce es oro”. “Depende el ojo con el que se mira”. Según la sabiduría popular todo pasa por lo que vemos, nuestros juicios, nuestras posturas, nuestras decisiones están atadas a lo que observamos, a lo que vemos. Nuestros ojos rigen nuestras maneras de ver el mundo.

Pero, como no todo lo que reluce es oro, no siempre vemos las cosas como realmente son. Muchas veces son nuestros prejuicios los que nos condicionan y hacen que erremos el juicio.

Esto pasa en la consideración de una persona, en cómo evaluamos sus actitudes y más, cómo suponemos que piensan. Porque nos creemos tan inteligentes que nos adentramos en los pensamientos e intenciones de los demás, condenando o alabando.

Y así nos movemos en la vida, poniendo nuestro prejuicio delante de nuestros ojos, dejando que éste ordene nuestras acciones y decisiones.

Entonces a nuestro paso quedan en el camino situaciones y personas que, por ser evaluadas negativamente, no merecen ni nuestra más mínima mirada.
Atropellamos con nuestra soberbia el mundo, y sus habitantes, sin esperar a conocer, a preguntar, a interiorizarnos por la vida y las circunstancias que rodean al otro. Y nos olvidamos que como “otro”, tiene distintos pensamientos, distinta formación y educación, distintos hábitos, diferentes problemas y dificultades.

Tiempo, tiempo para escuchar, para conocer, para aprender. Tiempo para que el “otro” pueda explicar su proceder o su manera de pensar. Tiempo. Tiempo para no apurarnos y caer en el juicio apresurado que nos separa, que nos condiciona, que destruye.

Aún en medio de las diferencias, donde es válido que cada uno tenga distintas maneras de pensar, allí, también es bueno darnos tiempo para escuchar y ser escuchados.

No todo lo que vemos, o cómo lo vemos, es realmente así. Escuchar, conocer, esperar y aprender nos ayudará a relacionarnos de una manera madura y sana, haciéndonos bien y haciendo el bien.

No hay comentarios.: