Editorial del 21 de mayo de 2011
Otra vez el silencio. No hay más propagandas, en los sitios web desaparecieron los banner que nos “llamaban” a votar por este o por aquel. Se terminó la pegatina en las paredes, ya nadie está ofreciendo y explicando sus propuestas. Se hizo “silencio de radio”.
Y ahora es el momento de nosotros, los ciudadanos, quienes tenemos la potestad de elegir y dar la posibilidad, en esta oportunidad, para que otro ciudadano sea elegido como candidato a ocupar un cargo en nuestra ciudad o en la provincia.
Hemos escuchado sus propuestas, aunque en realidad algunos se dedicaron el tiempo de campaña a hablar mal de sus adversarios en vez de explicarnos lo que piensan hacer si llegan a ser elegidos. Pero ya estamos acostumbrados a eso.
Cómo elegir, qué criterios usar en nuestra decisión. Lo haremos mirando el color de su ideología, si habla bien o mal, si es joven o no tanto, si me cae bien, o por revancha contra otro.
En realidad tendríamos que poner en la balanza sus propuestas, lo que hicieron si ya fueron gobierno o si ejercieron algún cargo legislativo, pero en suma tendríamos que pensar en las personas que puedan ejercer con responsabilidad e idoneidad el cargo para el que los estamos eligiendo.
No es momento de mezquindades ni de revanchas; tampoco lo es para que miremos al costado y no ejerzamos nuestra responsabilidad votando en blanco. Es cierto que muchas veces estamos confundido y ninguno de los candidatos nos terminan de convencer. Entonces, si es así, tendremos que hacer un esfuerzo y analizar, meditar y decidir: el voto es nuestro derecho, es su derecho, y no debe dejarlo en las manos de otro.
Y a aquellos que puedan ser elegidos les pedimos, y por qué no, les exigimos, porque los vamos a votar, que cumplan con su rol de manera madura, responsable, honesta y humilde. Ehhh!, ¿no pediremos mucho?
No. Es nuestro derecho hacerlo pues les estamos dando un voto de confianza, estamos depositando parte de nuestra esperanza de que nuestra ciudad y nuestra provincia sean un poco mejor, bastante más seguras, lugares donde sea digno y grato vivir.
Que sean un poco más maduros que aquellos seguidores de distintos candidatos que se dedicaron a romper los carteles de sus oponentes, o que continuamente tapaban los afiches contrarios, como si esta acción pudiera cambiar la intención de voto de alguien. Sí, estamos de acuerdo que es una tontería que seguramente realicen algunos que todavía no entendieron cómo es esto de la política como servicio y no como autoritarismo.
Y por último, a todos, a quienes creen y a quienes no, que tengan presentes que su paso por esa función es temporal, algún día se termina, y no sólo tendrán la mirada atenta de toda la ciudadanía sino que el cargo que ocuparán estará bajo la autoridad superior de Dios quien es protector de huérfanos y desamparados.
No pedimos milagros sino que sean dignos de la función a desempeñar. Si así no lo hicieran, “que Dios y la Patria se lo demanden”.
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