domingo, 15 de mayo de 2011

A propósito de Semana Santa

Editorial del 23 de Abril de 2011

A un mes de haber comenzado las manifestaciones que buscan terminar con un poder hegemónico de más de 40 años, las tropas de seguridad de Libia asesinaron a más de 80 personas en lo que se considera la mayor de las masacres desde que comenzaron las protestas.
El pueblo libio quiere terminar con la opresión y la falta de democracia, de libertades, de dignidad para vivir.
En Egipto, el derrocamiento de Mubarak, después de décadas en el poder, dejó un saldo de 800 muertos.
En Siria, el régimen levantó el estado de emergencia que imponía restricciones a las libertades individuales desde hacía 50 años, después de la muerte de cerca de 100 personas en protestas en contra del gobierno.

En nuestro país, una familia de la ciudad de Merlo vivió momentos de terror cuando fueron asaltados en su casa, donde los maniataron y les gatillaron en la cabeza.
En Mar del Plata, un joven de 17 años mató a un panadero de 65 años a golpes, para robarle y comprar droga.
En la ciudad de La Plata, en tan sólo 5 minutos, un ladrón robó dos veces la misma estación de servicio.

Y en medio de este tenso clima internacional y nacional, donde la vida de las personas parece un bien poco preciado, donde es fácil matar para conservar el poder, para robar o para conseguir dinero para los vicios, los cristianos recordamos la muerte y resurrección de Jesús en lo que se denomina Semana Santa.

Claro que de Santa, en muchos casos, esta semana tiene poco. Porque muchos siguen con sus vidas y costumbres que poco tienen que ver con el significado y la realidad de la muerte y el sufrimiento del hijo de Dios que se dio para que muchos puedan tener esperanzas de una vida mejor.

Muchos se preguntan cómo entender o conmemorar una fecha espiritual cuando la sociedad está en una de sus peores etapas. Pero lo que no quieren escuchar o aceptar es que hemos llegado a este estado porque el secularismo va ganando terreno en contra de la espiritualidad y de una mirada trascendente de la vida.
Como hombres le hemos dicho a Dios que se aparte de nuestras vidas, que se ocupe de sus cosas mientras nosotros seguimos ocupándonos de las nuestras; hemos decidido que somos capaces de ser amos y señores de nuestro destino, y el de los otros. Sin embargo en muchos casos los resultados no son para nada prometedores.

Algo santo es aquello que es apartado para un destino específico. Pero no alcanza con una semana al año. Debemos apartar nuestra vida de aquellas cosas que nos separan de Dios y sus propósitos, y vivir de acuerdo a sus consejos y enseñanzas. Porque el sacrificio de Jesús en la cruz, no es sólo un hecho histórico o anegdótico, es la verdad que debemos aceptar para comenzar a transitar un cambio necesario en nuestra manera de pensar y vivir para, de esta manera, comenzar a cambiar la manera en la que vive y se mueve la sociedad, y así cambiar el producto de nuestro sistema: cambiar la muerte por la vida, la frustración por la esperanza, el vacío por una vida con propósito.

Hay esperanza, hay posibilidades de cambios, podemos mirar la vida con optimismo. Sólo necesitamos apartar nuestra vida para aquel que nos dio su vida.

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