domingo, 15 de mayo de 2011

Fantasía versus Realidad

Editorial del 30 de Abril de 2011

Aunque para muchos haya pasado desapercibido, ayer se realizó el denominado casamiento del siglo entre el príncipe Guillermo de Inglaterra y la plebeya Kate o, como ahora se la debe llamar: Catherine.
Los medios de comunicación, en especial los televisivos, dieron cobertura al evento que dicen, fue una de las bodas más caras de la historia.
Alfombra roja, vestidos impactantes, joyas, realeza, mucha pompa y toda la atención de un país que no se encuentra en sus mejores momentos económicos. Pero para los ingleses todavía el amor a su monarquía está por encima de los problemas menores, diarios, cotidianos.
Para muchos, en especial para la platea femenina, es un cuento de Hadas hechos realidad: la plebeya que no tiene sangre real sellando el amor con su príncipe azul (aunque en este caso guillermo vistió con uniforme militar color rojo).
Sin embargo, uno se pregunta de qué sirve admirar o estar expectantes de hechos de estas características cuando no nos afecta ni nos favorece en nada. La vida de cada día, con sus alegrías y tristezas, con sus progresos y dificultades sigue aquí y ahora. Nuestra vida, la vida real, puede ser aún más desafiante y digna de ser vivida.
Porque lo importante de nuestra vida no es lo que somos, los títulos que podamos obtener, los honores que puedan darnos, sino qué hacemos con nuestro presente y, por ende, con nuestro futuro.
Estamos inmersos en una sociedad que padece situaciones crueles que debemos desterrar: drogadicción, excesos, violencia, desamor, falta de respeto, incomprensión, exitismo. Muchos corren por alcanzar una meta imposible, y en esa carrera, dejan detrás a todos sin importar cuántos resultan heridos.
Padres que por avanzar en sus carreras se olvidan de sus hijos, o los dejan al cuidado de otros, y que después despiertan a la realidad de la droga, excesos sexuales o delincuencia.
Hijos a quienes les molesta la ancianidad de sus padres y que los depositan en instituciones para que otros se ocupen de ellos. Y que después, cuando ya no están, lloran a sus progenitores por no poder estrechar su mano o tomar un mate juntos.
Una sociedad que se horroriza por las muertes ocasionadas por la bulimia y la anorexia pero que sigue publicitando la belleza y el físico perfecto como la única manera de ser exitosos y conseguir cosas en la vida.
Hombres y mujeres que miramos en las pantallas a los niños de la calle, pidiendo, mendigando y dejando su niñez en medio de la locura que significa “estar en la calle”, pero que miramos para un costado cuando se trata de ayudar a instituciones o personas que buscan ayudar a los que más lo necesitan.
Las bodas de la realeza son, paradójicamente poco reales. Pertenecen a un mundo de fantasía, barata, pero fantasía al fin.
Nuestra sociedad, nuestro prójimo están presentes todos los días de nuestra vida, a la mano, para que podamos extender nuestra ayuda, para que podamos ser parte del cambio que necesitamos, para que sin importar la condición social de la cual provengan, muchos de nuestros hijos puedan tener, como en los cuentos de Hadas, un final feliz.

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