sábado, 27 de agosto de 2011

Buscando ayuda en el lugar indicado



Editorial del 13 de agosto de 2011

En Londres, capital de Gran Bretaña, reina una tensa calma. Después de los graves incidentes ocurridos como consecuencia de una marcha que protestaba pacíficamente por la confusa muerte de un joven a manos de la policía, y con 16.000 agentes que mantienen blindada la ciudad, los ciudadanos temen que esto vuelva a comenzar. Robos, destrozos y muerte en las ciudades más importantes del otrora Imperio británico.

En Chile ya lleva tres meses el conflicto que enfrenta a estudiantes con el gobernó. “Llamas, barricadas, piedras y gases lacrimógenos” son el pan de las últimas semanas en medio de un reclamo de reforma educativa donde los estudiantes piden educación pública de calidad, la gratuidad progresiva y el fin del lucro en la enseñanza de colegios y universidades.

En España todavía se escucha sobre los indignados en medio de una de las peores crisis económicas que haya vivido la península, con gran cantidad de desocupados y donde, como en varios países del resto de Europa, se terminó la vida cómoda y sin sobresaltos económicos.

Y en medio de todo esto, los jóvenes, de 18, 20, 25 años, quienes son parte y protagonistas de los distintos reclamos en busca de un presente y un futuro mejor. Es cierto que también están los otros, los que aprovechan la oportunidad para robar, destruír y matar, allá como acá, siempre están.

Pero la mirada es sobre qué está pasando en nuestro mundo tan comunicado y globalizado, qué está pasando en las grandes economías que non pueden seguir manteniendo el nivel de vida que vienen llevando desde hace tantos años. ¿Será que aún las certezas económicas de bienestar y progreso no son tan ciertas? ¿Estaremos frente a un cambio de paradigmas, de manera de pensar y ver la vida, donde comienza a ser más importante mirar al hombre, al ser humano, a sus necesidades y comenzar a gobernar para todos y no sólo para unos pocos?

¿Será también que los argentinos tenemos que aprender y debemos a comenzar las bases de nuestra vida, de nuestra familia en cuestiones menos economicistas y más profundas?
¿Pueden los gobiernos, del signo o ideología política que sean darnos respuestas cabales a todos estas situaciones? ¿No será que deberíamos empezar a buscar más ayuda de arriba y un poco menos de acá abajo?

Me preocupa el hombre, el joven y el adulto, la ama de casa y la profesional, el argentino, el español o el inglés. Si todos por igual, porque todos estamos buscando respuestas a los problemas y las cuestiones trascendentes de nuestra existencia.
Algunos de entusiasman y quedan perplejos ante los espejitos de colores, otros buscamos en lo profundo de nuestro espíritu para comenzar un verdadero cambio.
Pero todos necesitamos algo y alguien. Todos necesitamos a Dios.

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