sábado, 27 de agosto de 2011

Regalando con sabiduría



Editorial del 20 de agosto de 2011

Este fin de semana largo viene con un componente especial: festejamos el Día del niño. Claro que no es en la fecha habitual debido a las elecciones primarias de la semana pasada. Y cómo será algo netamente comercial que hasta por un hecho político lo cambiaron de día para, supongo, favorecer el consumo.

Porque lamentablemente de esto se trata: de consumo. No de la felicidad de los niños ni de la oportunidad de que la familia esté junta, sino de pesos, ganancias, compras y ventas. Pero eso sí, todo adornado con “la sonrisa de los niños”.

Entonces las publicidades hablan de los mejores regalos para darles a nuestros hijos, sobrinos, nietos o ahijados, que precisamente no son una pelota o una bicicleta sino la play station, el último celular, las tabletas pad, y varios otros aparatos tecnológicos que deslumbran a nuestros infantes y destrozan los bolsillos de sus padres.

La ecuación pareciera ser: cuanto más caro y moderno, mayor felicidad. O peor aún: cuánto más costosos y sofisticados mejores padres somos, ante nuestros hijos y ante los demás. Porque en esto también es importante para muchos lo que los otros dicen, o cómo nos ven los demás o si los hijos de los demás tienen algo mejor que los nuestros.

Y en esta competencia por ser los primeros en todo, y demostrar muchas veces lo que no somos, queda relegado a un segundo o tercer lugar la felicidad de nuestros hijos. No se trata de un minuto de alegría sino de esa necesidad que nuestros hijos tienen de que todos los días estemos con ellos, compartiendo sus descubrimientos, sus intereses, sus juegos, sus conversaciones muchas veces incomprensibles. Porque ellos buscan nuestra mirada, nuestra atención, quieren que les llevemos el apunte y que nos ocupemos realmente de ellos y no que les llenemos de regalos caros y complicados.

Es cierto que en el momento se ponen contentos pero esto es también resultado de lo que nosotros hemos conseguido: les hemos enseñado que se es feliz cuando tenemos más en lugar de demostrarles que la verdadera felicidad pasa por el afecto, el abrazo, el interés y por el tremendo milagro de tenernos unos a otros.

¿Qué personas estamos formando para el mañana? ¿Cuáles son los valores que les inculcamos como los más importantes para la vida? Aún en un simple regalo o en una actitud les demostramos lo que pensamos y lo que esperamos de ellos. Los adultos, los padres o quienes estemos a cargo de menores somos el reflejo en el cuál ellos se ven y a través de quienes ven la vida con sus valores y disvalores.

Es bueno regalar y más aún a un niño, pero es mejor y más importante enseñarles que la vida no pasa por tener lo último y lo más caro sino en disfrutar de las cosas que tienen que ver con el amor, el afecto, el interés por el otro. Las relaciones son más importantes que cualquier regalo. Cambiemos nuestra manera de pensar para que comience a cambiar nuestra vida.

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