sábado, 27 de agosto de 2011

Reconociendo nuestra necesidad


Editorial del 2 de julio de 2011

El jueves de esta semana los presidentes de Argentina y Bolivia inauguraron el gasoducto Juana Azurduy que beneficiará a más de tres millones y medio de argentinos en el noreste de nuestro país. Una obra de integración entre dos países hermanos de Latinoamérica que beneficia a ambas naciones.
Pero más allá de los anuncios políticos o coyunturales, y de las palabras que los mandatarios pudieron decir en medio de un acto protocolar, es para destacar la actitud del presidente boliviano Evo Morales.
Mientras los argentinos estamos acostumbrados a escuchar a nuestros dirigentes hablar de su capacidad y de los logros que han realizado o piensan concretar, Morales se mostró como un presidente humilde, sencillo, sin falsas modestias, a quien no le tiembla nada cuando tiene que reconocer y agradecer la ayuda y el apoyo que recibió en distintas situaciones difíciles que le tocó atravesar.
Evo Morales no dejó de destacar la ayuda de la Argentina en materia económica y política, destacando lo bien que le hace a la región estas actitudes.

Qué saludable es que la máxima autoridad de un país pueda dar las gracias, pueda decir que en aquello que se había convertido en un problema, recibió ayudar para superarlo y avanzar. Sin decirlo expresó que en esos temas no podían salir solos y que necesitaron, y aceptaron, la ayuda de otros.

Cómo nos cuesta pedir ayuda, y recibirla cuando nos la quieren dar. Cómo nos cuesta mostrarnos débiles en aquellas áreas en las que así somos. Le tememos tanto al “qué dirán” que creamos alrededor de nosotros una coraza que nos hace invencibles, intocables. Pero la realidad es otra, es aquella que vivimos cuando se cierran las puertas y estamos solos en nuestra intimidad, y no podemos hacer otra cosa que llorar porque no podemos más.

Reconocer nuestra necesidad es el primer paso para encontrar la solución, para recibir ayuda y salir del pozo en el que estamos. A esto se refirió Jesús cuando declaró: “Bienaventurados los pobres en espíritu”. No hablaba de cuestiones económicas sino de aquellos que puedan reconocer que son débiles, que necesitan ayuda, que necesitan a Dios.

¿Cuándo será el día en que reconozcamos, sinceramente, que nos sentimos desprotegidos y que necesitamos de aquel  que nos dio la vida para seguir viviendo? Ojalá que sea pronto.

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