jueves, 24 de marzo de 2011

Creados para la luz

Editorial del 15 de enero de 2011

La diferencia es notoria. Y hasta un niño de tres años se puede dar cuenta. Porque cuando los niños tienen que buscar algo o entrar a una habitación donde no hay luz sino oscuridad, siempre nos llaman, piden ayuda, y protección, para estar allí donde todo es sombrío, oscuro, donde es imposible medir las distancias y también medir las consecuencias de cada uno de nuestros pasos. ¿O no es cierto que generalmente cuando está oscuro nos chocamos cosas y nos llevamos por delante cualquier obstáculo en el camino?
Es que no fuimos creados para andar en la oscuridad; no es nuestro medio. Dicen que los gatos pueden manejarse perfectamente en ese ambiente… pero lo cierto es que los seres humanos no.
Además, la perspectiva de las cosas es totalmente distinta cuando no hay luz. Los peligros se agrandan y se pierde el sentido de la realidad, la verdadera dimensión de las cosas. Si no, pruebe con mirar una película de suspenso a las 10 de la noche, solo, en una habitación en penumbras o, la misma película, a las 3 de la tarde en una habitación donde abunda la claridad. Verá que es totalmente distinto.
Es que la luz revela todo, nos muestra todas las cosas y en su justa medida. No agranda ni achica, las vemos tal cual son. Y también nos permite medir y valorar las consecuencias de todas las cosas: la distancia que tenemos entre nuestros pies y ese mueble que la otra noche nos hizo ver las estrellas. Se puede calcular mejor y, por lo tanto, tomar una mejor decisión.
Y por supuesto, y en esto las amas de casa me darán la razón, la luz permite ver la suciedad, expone de manera perfecta la tierra sobre los muebles, los rincones mal barridos o la mancha en la ropa. Nada se escapa a la luz.
¿Será por eso que los delitos, los abusos, los excesos, las locuras en general se realizan cuando falta la luz, en medio de la profunda oscuridad? ¿Y por eso también en la noche, cuando reina la oscuridad, es cuando nuestros jóvenes y adolescentes eligen salir y emborracharse, aturdirse y hacer toda clase de locuras, porque se sienten apañados por las sombras y la ausencia de luz?
Estoy seguro que la mayoría de ellos no haría ni la décima parte de lo que viven durante la noche a plena luz del día y bajo la mirada de sus padres o mayores.
Fuimos creados para la luz: “Los que duermen, de noche duermen, y los que se emborrachan, de noche se emborrachan. Nosotros que somos del día, por el contrario, estemos siempre en nuestro sano juicio…”.
Nuestra sociedad necesita cada vez más adultos que decidan ser diferentes, en sus propias vidas y en la de aquellos que tienen a su cargo. Enseñar a vivir de día, disfrutando y proyectando nuestras vidas en la claridad de nuestros pensamientos y acciones, y dejar la noche para descansar y aquietarnos.
No es fácil ir en contra de la corriente, pero alguien tiene que empezar.

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