jueves, 24 de marzo de 2011

Generación en peligro

Editorial del 12 de febrero de 2011

El llanto de la muchacha despertó a un vecino. Era la madrugada, tiempo para descansar y reponer fuerzas para el próximo día aunque fuera domingo.
Tirada en el piso, lloraba y se negaba a ser ayudada por otros jóvenes que querían llamar a la policía. “¿Quién te golpeó? ¿Quién fue?”.
Todo esto sucedía a metros de uno de los recientemente inaugurado lugares de baile de nuestra ciudad.
¿Y la policía dónde estaba? ¿Dónde se encontraban las personas que, entre otras cosas, deben velar por la seguridad de los ciudadanos? De los vecinos que estaban durmiendo y no tienen por qué ser molestados y de los jóvenes o mayores que deciden no dormir y también deben ser protegidos de los abusos de otros y de ellos mismos.
Nuestra ciudad no cuenta con una gran cantidad de lugares donde se reúnen los jóvenes a bailar y divertirse (aunque esto es cuestionable y discutible). No estamos en Rosario ni en Buenos Aires. Esto es Cañada de Gómez y todo es mucho más medible y controlable.
Por lo tanto, ¿sería una locura pensar que en cada uno de estos comercios, donde también hay un alto grado de posibilidades de que se comercie con las drogas y el sexo, exista una guardia de la policía para brindar una dosis de tranquilidad a la ciudad? Pero una presencia policial que permanezca hasta que el lugar se cierre y no exista más posibilidades de agresiones o peleas.
Está claro que sería mejor que no tengamos que decir esto y que las fuerzas de seguridad se ocuparan solamente de los casos de delitos de importancia, pero la realidad es esta y nuestra sociedad ha llegado al punto de tener que cuidarse de sí misma. Una sociedad que aplaude, sin que lo que diga a los cuatro vientos pero que lo demuestra mediante su silencio, que aplaude, entonces, las nuevas maneras que tienen las jóvenes para divertirse.
Si no velamos y tratamos de que se cambien los malos hábitos, que no son ni nuevos ni de ahora, estamos perdiendo una generación que no valora la vida, el respeto ni la dignidad, propia y ajena.
Soy de los que piensan que la noche es para dormir y descansar, aunque me tilden de anticuado o viejo. Pero creo que las cosas, en todos los niveles, serían distintas si nuestras prioridades y motivaciones fueran distintas.
Como padre aspiro a otros valores y a otros modos de vida para mis hijos. Trabajo, enseño y lucho por ello. No pienso bajar los brazos y, espero, que usted tampoco lo haga.

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