Editorial del 19 de febrero de 2011
Los seres humanos somos proclives a crear mitos sobre las personas de carne y hueso, y luego creerlos y difundirlos sin diferenciar entre la realidad y la ficción. Entonces la verdad se ve empañada por lo que nuestra propia mente inventó y potenció.
Así tomamos a un líder político o religioso y lo dotamos de cualidades casi mágicas y sobrehumanas, para seguir alimentando nuestra veneración, en algunos casos, irracional. Todo esto, claro, hasta que la realidad nos golpea en la cara y nos muestra que no todo lo que reluce es oro y que no se vive de mitos sino de verdades, aunque sean duras de aceptar.
Así hemos hecho con aquellos hombres y mujeres que fueron parte de la construcción de nuestro país como tal, los llamados próceres. Los hemos endiosado hasta el extremo de creer que sólo fueron personas de bronce y de mármol y no seres humanos de carne y hueso.
Ayer se realizó la proyección del film Belgrano que relata parte de la vida de este hombre que fue uno de los protagonistas de nuestra historia. Un hombre, con todos los errores y necesidades de cualquier hombre, que supo trabajar por un ideal pero que se equivocó en decisiones que afectaron su vida personal y familiar.
¿Será entonces que vamos a bajarlo del pedestal y le vamos a quitar los honores de, entre otras cosas, haber sido el creador de la bandera? Creo que no sería justo. Más bien deberíamos aprender a valorar el esfuerzo y aprender de sus errores. Eso sería un signo de madurez.
Y eso también sería bueno aplicarlo a todos los aspectos de nuestra vida: conocer, aprender y elegir qué es digno de imitar y qué es mejor evitar.
No se trata de adoptar cualquier costumbre o creer cualquier nuevo pensamiento. No es cuestión de ir detrás de cualquiera solamente porque habla bien o promete grandes cosas. Tenemos en nosotros la capacidad de razonar y pensar y, luego de analizar y ver las distintas posibilidades, buscar de tomar la decisión correcta. Esa es, además de la capacidad de hablar, la capacidad que nos diferencia de los animales.
Hay cuestiones de fe que se creen o no. No hay mucho lugar para cuestionamientos filosóficos o humanistas. Es fe. Pero hay temas y situaciones en donde la reflexión y la búsqueda de consejos nos ayudará a tomar una decisión, por lo menos, más acertada.
¿Errores? Los vamos a encontrar por todos lados. En definitiva somos todos de carne y hueso.
Pero por lo menos busquemos la honestidad y la sinceridad. Creo que son un buen punto de partida.
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