Editorial del 8 de enero de 2011
Aunque nos parecía lejano, se terminó el 2010 y llegó el 2011. En sólo unas pocas horas pasamos de un año a oro, nos hicimos un poco más viejos y otra etapa en nuestra vida se terminó.
Pero en realidad mucho cambió no hubo. Seguimos siendo los mismos, viviendo en la misma ciudad, trabajando en los mismos lugares, sintiendo, amando, esperando, deseando, planeando y, espero, buscando ser un poco mejores cada día.
Un nuevo año comenzó y, claro, con muchas ganas de que se cumplan algunos de nuestros sueños, y que, quizás, podamos realizar aquellos cosas que en el 2010 no pudimos. Siempre el comienzo de lago nuevo nos da la posibilidad de volver a renovar alas esperanzas.
En el ámbito de la política nacional este será un año de definiciones y de decisiones puesto que vamos a elegir intendentes, gobernadores y presidente de la Nación. Seguramente no será un año igual a otros. Lo que decidamos en el 2011 va a marcar nuestra vida, por lo menos, en lo que atañe a la dirección que tomará, o seguirá, nuestro país.
Pero en lo personal es bueno que miremos un poco a lo que pudimos haber hecho, lo que pudimos haber decidido cambiar, lo que pudimos dejar de hacer por algo mejor, y que en realidad no hicimos por vagancia, pereza o imposibilidad.
Con casi 360 días por delante tenemos la posibilidad de empezar a pensar en cómo vamos a emprender el cambio. Un cambio que en algunos será profundo, radical, y en otros livianos, casi imperceptibles. Pero siempre hay cambios por realizar, hay cosas por mejorar, personas a quienes perdonar, a quienes volver a llamar, con quienes comenzar a solucionar lo que nos distancia.
Nuevo año, cambios, decisiones, cuánto por hacer… pero también cuánto tiempo para aprovechar en esas cosas y para mejorar: como padres, esposos, esposas, hijos, amigos, ciudadanos.
No nos quedemos sentados y empecemos a caminar.
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