Editorial del 5 de marzo de 2011
En esta época donde casi todo se puede encontrar, donde no hay complemento para la vida diaria que no podamos comprar en algún gran hipermercado o Shopping, todavía sigue siendo difícil encontrar uno de los tesoros más valiosos con que podamos embellecer la vida: la verdad.
La falta de verdad, es decir, la mentira, llena casi todas las áreas de nuestra vida personal, laboral y hasta gubernamental. Sí, porque desde los distintos gobiernos (sean estos municipales, provinciales o nacionales) recibimos tantas informaciones que muchas veces están lejos de la realidad cotidiana del ciudadano común.
Otras veces quizás no nos mientan descaradamente sino que nos dicen lo que queremos escuchar y dejan debajo de la alfombra aquellas realidades que nos convienen, ni les conviene a ellos que se den a conocer. “Es el juego de la política”, dirán muchos. Pero para nosotros, los que creemos que la verdad sigue siendo un bien invalorable, sería mejor que nos digan todas las cosas, sin escondernos nada.
Pero también es cierto que en el otro lado, desde donde pensamos que tiene que partir la búsqueda de la verdad por encima de todas las cosas, está el periodismo. Sí, los medios de comunicación escritos, radiales y televisivos que tendrían que informarnos de manera objetivo los hechos, tal como sucedieron, y darnos el tiempo y el espacio para que cada uno reflexione y saque sus propias conclusiones.
Sin embargo la realidad es que siempre, aún la crónica básica, que sólo tendría que contar los hechos tal y como sucedieron, ya se está opinando, haciendo una bajada de línea, intentando influir en el pensamiento y la reflexión del público. Y, entonces, caminan por el peligroso límite de la verdad, jugando con la parcialidad y quitándonos la posibilidad de ver el cuadro completo de los hechos.
Esto pasó esta semana después del discurso que dio la presidente de la Nación en la inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación. Según el canal, radio o diario la verdad era distinta, los entrevistados, en su mayoría, correspondían a una línea de pensamiento. ¿Y la verdad de los hechos…? Descansaba en paz.
¿Cuál es el límite para un periodista o medio en el momento de mostrar las cosas que pasan? ¿Es tan difícil mostrar los hechos tal y cómo fueron y dejar que las personas hagan sus propias conclusiones? ¿Se tiene tanto miedo de que el ciudadano piense de manera autónoma? ¿Se le tiene tanto miedo a la opinión distinta, contraria?
Creo que ciudadanos y medios de comunicación estamos usando la verdad a nuestro antojo, convirtiéndola en mentiras a nuestra medida para conseguir, quien sabe qué ventaja.
Estamos errando al blanco. Busquemos la verdad, por encima de todas las cosas, porque sólo así podremos ser verdaderamente libres.
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